¿Tiene usted tres minutos para hablar de… mi 2025 (2): la superación de lo queer?
Sigo buscando las grandes temáticas y conceptos del año 2025... Y en esta newsletter hablo de la superación de lo queer en unos términos muy concretos: lo queer ha muerto, ¡viva lo queer!
Según Paul B. Preciado en este ya mítico artículo para Parole de Queer, lo queer “no es una identidad más en el folklore multicultural, sino una posición de crítica atenta a los procesos de exclusión y de marginalización que genera toda ficción identitaria. El movimiento “queer” no es un movimiento de homosexuales ni de gays, sino de disidentes de género y sexuales que resisten frente a las normas que impone la sociedad heterosexual dominante”.
Lo que viene a significar que lo queer no es algo estanco, no es esa idea que tienen muchos en la cabeza, ni mucho menos una estética a ser explotada por el Bershka de turno. Por el contrario, lo queer es más bien un espacio de tránsito: con suerte, lo que hoy es queer mañana estará (más o menos) normalizado… y existirá un nuevo espacio queer. Entonces, ¿por qué el titulo de esta newsletter es precisamente “la superación de lo queer” si, por definición, lo queer no es superable puesto que es eternamente mutable?
Pues, básicamente, porque parece claro que hemos superado cierto estadio de lo queer. El 2025 ha sido el año en que se estrenó y fue un éxito una película titulada justamente “Queer” y protagonizada por un actor mainstream hetrosexual. También ha sido el año en el que la serie “Mariliendre” consagró (aunque no consiguió dignificar) a un tropo esencial de la escena LGTBIQ+. E incluso ha supuesto la constatación de las divas pop (que fueron parte del ADN del maricón nicho de hace unos años) como uno de los mayores reclamos de un festival como el Primavera Sound.
Si nos fiamos de estos tres ejemplos, cualquiera puede pensar que lo queer se ha vendido al capitalismo y ha perdido esa “posición de crítica” a la que elude Preciado. Así que eso solo puede significar que es momento de cambio… Un cambio que ya se ha empezado a sentir en el aire del 2025 en dos direcciones que proponen dos mundo distintos, casi irreconciliables. Uno de esos mundos me asusta, el otro me estimula.
El primer mundo posible es el que probablemente se imponga en el campo de lo mainstream. Un campo que ha fagocitado y agotado su visión de lo queer como token consumista y capitalista y que parece estar diciéndonos a voz en grito que lo queer ya no mola, que ya está, que ya pasó. Es el mundo del rollito que se trae Rosalía en su era “LUX”; de lo alarmante que resulta que uno de los perfiles que más han triunfado en la última edición de “Operación Triunfo” haya sido el de Olivia (precisamente la menos queer de un casting cada vez menos queer); y de que Marvel vuelva a la familia nuclear blanca (¡blanquísima incluso incluyendo a Pedro Pascal!) en “Los 4 Fantásticos: Primeros Pasos”, dando por finiquitada su incursión en una diversidad que nunca se sintió genuina. Es el mundo en el que, tal y como ya comenté en este artículo para NUEBO, lo trad está tomando el espacio de lo queer en la cultura mainstream.
Pero no nos alarmemos, porque es que lo queer nunca debería haber ocupado el espacio de lo mainstream. Va contra su natura. Lo mejor que puede pasar es que lo mainstream se olvide de lo queer y, en ese espacio menos observado por el ojo del capitalismo que todo lo devora, florezca el segundo mundo posible. El mundo que me estimula porque es allá donde lo queer antiguo se supera para buscar lo nuevo queer.
Es este segundo mundo el que ya hemos tocado con la punta de los dedos en un año 2025 en el que lo queer ha polinizado géneros impensables para inocularles con un virus que los cambie para siempre. Estoy pensando, por ejemplo, en “El Brillo de la Televisión” de Jane Schoenbrun utilizando el terror para explorar disidencias de género. E incluso estoy pensando en Model/Actriz conquistando el punk-rock híper-masculino con un discazo como “Pirouette”.
También es un mundo en el que, obviamente, se seguirán explorando temas que todavía causan incomodidad a lo mainstream, ya sean los cuerpos femeninos no normativos de la película “Sangre en los Labios” de Rose Glass (que, lo sé, vi casi un año tarde) o la prostitución masculina en la novela “La Nit Més Clara” de Marc Parera. También algo que parecía en camino de normalización pero que el 2025 se ha demostrado más queer que nunca: lo trans, que este año ha explotado en producciones tan brillantes como la serie “What It Feels Like For A Girl”, que practica el anacronismo como forma de colorida resignificación.
Muchas son las ficciones que se han dedicado a abrir de par en par las puerta hacia el mundo del nuevo queer… Ficciones como, por ejemplo, esa rara avis que es “Silencio”, una serie en la que Eduardo Casanova no solo se dedica a superar los límites de lo que hasta ahora parecía su zona de confort, sino que también derriba los muros de contención de la representación del VIH para recordar que indetectable = intransmisible y que silencio = muerte. Lo hace con una historia de chupasangres que riza el rizo de la representatividad al arrojar en la mezcla vampirismo, VIH y peste negra para recordar que, para conseguir cualquier tipo de cambio, lo primero tiene que ser el apoyo entre los subalternos. Los apartados de la sociedad. Los apestados. Nosotros.
Pero, por encima de todas estas ficciones, la que más me ha abierto los ojos es “Detransition, Baby”, la novela de Torrey Peters que supone una superación de lo trans hasta el nivel de incomodar y alienar al propio público de la comunidad LGTIBQ+. Yo mismo abrí el libro convencido de que la detransición podría ser algo problemático al ser una de las principales armas del enemigo para desarticular la validez de lo trans (como si le correspondiera a él validar lo trans, no me jodas). Pero lo que me encontré es un manuscrito escrito en lenguaje queer, sin hacer concesiones a un público mainstream que probablemente se sienta perdido y desorientado ante una ficción que ni explica ni sobrexplica. Lo que me encontré fue, sobre todo, un tratado sobre feminidad y maternidad en términos queer que te obliga a plantearte cualquier convicción con la que hayas aterrizado en su primera página.
A partir de la superación de la antigua idea de lo queer, aquella que lo mainstream ya ha desarticulado hasta volver inservible, solo hay dos mundos posibles. Uno asusta, el otro estimula. Pero yo lo tengo claro: lo queer ha muerto, ¡viva lo queer!
Ya que estoy embarcado en este empeño de echar la vista atrás sobre el 2025 que acabamos de cerrar, no está de mes recomendaros algo que cada año espero en palmitas: la mezcla de las mejores canciones del año que Tim Sweeney se marca en dos sesionazas de su programa “Beats in Space”. Aquí puedes encontrar la primera y aquí la segunda… Y una única cosa te voy a decir: es lo único que escucho en el gimnasio desde hace semanas. No hace falta añadir nada más.
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